EXCUSAS

Crónicas

Caminaba, mientras la calle me devolvía recuerdos, caricias, enojos y risas. Todo de una sola vez, sin piedad, sin permiso y con intención.

Mientras sostenía la inservible sombrilla, el agua caía, seguía sin rumbo llevándose todo consigo. El viento desestabilizaba todo, sobre todo los pensamientos; y pensaba en excusas.

Esas excusas para escribir un hola, para comenzar una conversación, para pronunciar un te extraño y un te quiero. Buscaba excusas para justificar un sentimiento que no existe y suspiros que no tienen dueño. Que no merecen salir solo para decir que hay emociones, esas que son excusas.

Cuando las excusas existen todo tiene sentido, aunque no se entienda, porque es su objetivo: surgir para respaldar un falso sentimiento.

Pero ¿qué pasa cuando las excusas se acaban? Cuando terminas de escribir un mensaje, lo lees y sabes que es solo una excusa para iniciar algo que no existe. Para hacer vivir algo que no quiere nacer. ¿Qué pasa? Por qué insisto en crear excusas para sentir algo que no siento y vivir algo que no debo.

Las excusas son salidas, salidas intencionales que llevan a negativas a fracasos y a la nada. Porque al final las excusas no existen son creaciones para evadir lo que es real.

Mi excusa eres tú.

Sandra Cárcamo